La cercanía y la confianza en un administrador de fincas: factores clave. Fuente: Pocket Neighborhood

Con el transcurso del tiempo, la figura de los administradores de fincas se ha vuelto un distintivo primordial en la gestión de las comunidades en todo el territorio español. Su trabajo ha sido indispensable para solventar controversias económicas y mala praxis de otros sujetos que han querido representar dicha figura sin estar capacitados para ello.
El elemento más importante que debe cumplir un administrador de fincas es ser un profesional titulado y preferiblemente miembro del Colegio de Administradores de Fincas de Barcelona. Esto será lo que garantice una correcta gestión administrativa de las fincas y comunidades que dirija.
Otra característica que debe reflejarse en su figura es la transparencia, pues bien, toda la contabilidad, contratos y documentación relevante de la comunidad, debe estar a disposición de los propietarios en todo momento. Las personas pertenecientes a la comunidad, han de tener fácil acceso a todo tipo de documentación y, para ello, el administrador de fincas deberá mantenerla perfectamente ordenada.
De este modo, siempre y cuando se cumpla el supuesto mencionado con anterioridad, la velocidad de respuesta en la gestión de cualquier incidencia se minimizará oscilando entre las 24 y las 48 horas. Margen suficiente para efectuar la correcta solución de problemas comunitarios. Esto último, junto con la preocupación por los intereses de la comunidad de vecinos por parte del administrador de fincas, garantizará por tanto el bienestar en la gestión de espacios comunes.

La búsqueda de la calidad por encima del precio es vital para conseguir un buen servicio. Fuente: Communitas Algeciras

Con todo, nada de lo expuesto sería posible sin un seguimiento exhaustivo de los servicios que enriquecen la comunidad (ascensorista, empresa de limpieza, jardinería, extintores, etcétera). Mantener dicho seguimiento proporcionará al administrador la información necesaria para la mejora de la calidad en los servicios establecidos y la evaluación y valoración de posibles mejoras comunitarias. En añadido, tal gestión confluirá en un mejor control de los consumos que, por ende, derivará en un mayor control de los gastos fruto del consumo de luz o del agua.
Resaltamos que, a fin de hacer plausible todo lo esgrimido, la confianza entre el administrador de fincas y los vecinos es primordial. El administrador debe ser un profesional cercano, totalmente accesible y que ponga todos sus esfuerzos en el bien de todos los propietarios. Si bien también es importante que sus honorarios se ajusten a los estipulados por el mercado, lo que debe primar a la hora de escoger un buen administrador de fincas es la calidad de su figura y de los servicios que pueda proporcionar a la comunidad de propietarios.